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| Domingo, 10 de febrero de 2002 | |
| EL IMPERIO SE REARMA Washington revoluciona su capacidad bélica con nuevas armas de alta tecnología Aviones espía no tripulados y 'bombas inteligentes', estrellas del nuevo arsenal norteamericano LUIS PRADOS | Madrid El nuevo presupuesto de defensa de Estados Unidos, superior al total de los siguientes 15 países con mayor gasto militar incluyendo a Rusia, China y a los aliados de la OTAN, dotará a este país de una superioridad bélica nunca vista antes en la historia. EE UU se lanza a una revolución tecnológica de su arsenal convencional para librar como única superpotencia los conflictos del siglo XXI. Los aviones espía no tripulados, las bombas inteligentes, los sistemas de defensa antimisiles -también en el espacio- y los nuevos aviones de combate serán las estrellas de la futura máquina de guerra norteamericana. Ante un solo enemigo global, el terrorismo, la Administración de Bush ha diseñado una estrategia que el secretario de Defensa norteamericano, Donald Rumsfeld, ha sintetizado en proteger a EE UU ante 'lo desconocido, lo incierto, lo imprevisto y lo inesperado'. La búsqueda de esa seguridad total, que buena parte del mundo considera una quimera, no es ajena el éxito, al menos en términos militares, de la campaña de Afganistán. Una guerra corta, sin bajas norteamericanas en combate, conducida a distancia -las operaciones se decidían y controlaban en Tampa (Florida)- y que ha servido de banco de pruebas de los sistemas de armas que en los próximos años se van a modernizar. Las prioridades del Pentágono parecen claras: acortar de minutos a segundos el tiempo que pasa entre la identificación de un objetivo y su ataque; aumentar la rapidez en la proyección de fuerza en cualquier punto del globo; incrementar la precisión del golpe y mejorar la información sobre el campo de batalla. Para ello, EE UU incorporará a sus Fuerzas Armadas todas las ventajas de avanzados sistemas electrónicos y de las nuevas tecnologías de la información. Una guerra futura en la era de Internet, con estos instrumentos principales: - Vehículos aéreos no tripulados. A ellos se van a destinar 1.000 millones de dólares (1.144 millones de euros), fundamentalmente a los aviones espía Predator y Global Hawk, ya probados en Afganistán. Cuentan con cámaras infrarrojas y de televisión y radar, que transmiten a alta velocidad información sobre los objetivos localizados. Pueden identificar a una persona sobre el terreno a más de un kilómetro de altura. El punto débil del Predator, que tiene una autonomía de vuelo de 16 horas, es que es lento y no vuela muy alto (25.000 pies). EE UU ha perdido en los últimos años casi un tercio de los 65 con que contaba. Su precio es de 3,5 millones de dólares (4 millones de euros) y ahora se van a comprar otros 22. En Afganistán, el Predator entró por primera vez en combate armado con misiles Hellfire. El Global Hawk vuela más rápido (560 kilómetros por hora) y más alto (65.000 pies, casi 20.000 metros) que el Predator. - Municiones de precisión. El desarrollo de nuevas bombas inteligentes recibirá 1.300 millones de dólares (1.487 millones de euros). Estrenadas en la guerra del Golfo, en 1991, estos proyectiles guiados por láser o por satélite fueron los protagonistas en la campaña de Kosovo y lo han vuelto a ser en Afganistán. Su coste (entre 20.000 y 200.000 dólares) es muy superior al de una bomba convencional. Tienen actualmente una probabilidad de error de 10 metros a la redonda del objetivo, y se quiere rebajar a tan sólo tres.
Las bombas inteligentes han reducido drásticamente el número de muertos civiles y la cantidad de toneladas necesarias para destruir un objetivo, pero no han evitado los famosos daños colaterales, los errores causados por fallos humanos, el mal tiempo o interferencias electrónicas. A este fin se van a fabricar las llamadas bombas de pequeño diámetro (SDB, en sus siglas en inglés), de poco más 100 kilos de peso, que permitirán a los aviones, tripulados o no, cargar más munición y atacar más objetivos al mismo tiempo. - Defensa antimisiles. Más de 7.000 millones de dólares (8.009 millones de euros) irán a investigación, desarrollo y pruebas del polémico escudo antimisiles. Entre las prioridades están la construcción de un radar situado en el espacio, la entrada en operación de sensores espaciales que detecten un ataque de misiles y el desarrollo de un Sistema de Comunicaciones por Satélite de Alta Frecuencia. - Fuerza aérea. El presupuesto destina 4.600 millones de dólares (5.263 millones de euros) para la compra de 50 aviones de combate F-22 Raptor. Este avión, construido en un 39% con titanio, reemplazará a los actuales F-15 y F-18, al ser más rápido, más ágil y más invisible a los radares que los anteriores. Su publicidad destaca que, además de reunir todas las innovaciones en navegación, comunicaciones y munición, 'vencería sin una sola pérdida en un combate contra Mig 29 rusos incluso siendo superado 3 a 1'. También se invertirán 3.500 millones de dólares (4.005 millones de euros) para la producción del Joint Striker Fighter (JSF), proyecto en el que participan británicos y holandeses, y una cifra semejante en la compra de 44 F/A-18E/F Superhornet, que sustituye a los actuales basados en portaaviones. También se adquirirán 12 aviones de transporte de tropas C-17, con mayor carga y autonomía de vuelo (casi 4.000 kilómetros) que los actuales C-5 Galaxy. Más importante aún, el C-17 aterriza en pistas más cortas y despega más rápido, eludiendo la acción enemiga. Este avión compite con el proyecto europeo Airbus 400M, del que ya se ha retirado Italia y en el que Alemania tiene serias dificultades económicas para continuar. - Poder naval. La principal novedad está en hacer que los submarinos armados con misiles de largo alcance Trident sean capaces de llevar 150 misiles de crucero y fuerzas especiales. Asimismo, Estados Unidos incorporará este año a sus grupos de combate navales el portaaviones nuclear Ronald Reagan, el noveno de la clase Nimitz. Estas fortalezas flotantes, auténticas ciudades que albergan a miles de personas y de 70 a 80 aviones, van acompañadas por fragatas, destructores, submarinos y buques de suministros. Para darse una idea de la supremacía norteamericana baste el dato de que Francia sólo tiene un portaaviones, el Charles de Gaulle. Además, los presupuestos incluyen una inversión colosal en defensa química y biológica. | ||||
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